Puentes sobre Adas turbulentas

"Todos los que parecen estúpidos, lo son y, además también lo son la mitad de los que no lo parecen" (Francisco de Quevedo)

Ada Colau (Gracias Wikipedia)

Lo del cambio climático es ya una religión que cada día suma más fanáticos, ya propuso en su día nuestro amigo Pablito Iglesias el coletas, tipificar como delito el negacionismo del mismo, es decir, validar el delito de opinión; y que te puedan caer hasta cinco primaveras en la trena por no estar de acuerdo con esta niña pija y malcriada que se llama Greta Thunberg. 

Pues toca subirse al carro y como no puede ser de otra manera, a base de prohibir, el portento salido de las manifas que ha tenido el mérito de llegar a la alcaldía de una ciudad como Barcelona (que dicho sea de paso soportó cosas peores, como bombardeos, asedios y ocupaciones) ahora ha tenido otra brillante idea, después del bonito Belén que presidió estas Navidades pasadas de 2019 la Plaça Sant Jaume

Ahora le toca el turno al puente aéreo, sí, ése que une dos de las dos capitales más importantes de Europa, Madrid y Barcelona, se ha empeñado en cargárselo y para empezar, en un alarde de libertad política a prohibido a sus concejales que hagan uso del mismo, y es que el avión contamina mucho (también las flatulencias de las vacas y los cerdos, no es coña), pretende que descarten los vuelos de menos de 1.000 kilómetros, siempre que existan alternativas como el AVE, osea, que o se van de veraneo a las Canarias o al resto de España en tren por cojones.

Y que tenemos una auténtica Ada madrina, una joya que hay que cuidar, una alcaldesa, que nos la han Colau por detrás. Yo he vivido muchos años en BCN, de hecho mi barrio es el Gotic y he visto cómo toda esta patulea de normativas absurdas se han cargado las Ramblas, ya no son lo que eran en los setenta o los ochenta, ahora son una burda imitación con sabor a plástico de una Barcelona que ya dejó de existir, porque lo políticamente correcto es una dictadura que tiene el terrible poder de contar con el consenso de las mayorías sumisas al poder.

Samuel Corinto.



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