Cofidis y las revolving

Vender euros a 80 céntimos es lo que la publicidad de las financieras nos meten por los ojos, pero en realidad las tarjetas de crédito y los préstamos instantáneos son una máquina tragaperras que acaba por vaciar la cartera de mucha gente.


Imagen cortesía de www.pxfuel.com/
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“Quien compra lo superfluo no tardará en verse obligado a vender lo necesario”       (Benjamin Franklin)


“La sociedad del bienestar” es una frase que inmediatamente relacionamos con una vida plagada de smartphones de tecnología punta, vehículos de alta gama, electrodomésticos de última generación, viajes a destinos exóticos y cartas de restaurantes de moda, a ello se ha unido la cirugía plástica para estar más guapos y por supuesto eso que se llama “la moda” que consiste en ir vestidos cada nueva temporada como dictan las marcas punteras.

Y claro, eso tiene un coste que por desgracia no todos se pueden permitir, hoy día ser pijo parece un derecho humano inalienable y si la nómina no llega, para éso están los amigos de Cofidis o las tarjetas de crédito, en especial las revolving, que tienen nombre de arma de fuego cargada y apuntando a tu cartera.

Y yo me hago una pregunta ¿algún día se va a regular este turbio negocio de los préstamos relámpago? porque luego vienen las segundas partes, los impagos y las amenazas telefónicas, los burofax y las cartas a mansalva reclamando con chulería, y de ahí a la depresión va poco camino.

Te prometen el espejo de Alicia en el país de las maravillas y te encuentras con el infierno de Dante. 


Este negocio es un casino camuflado, miras por la tele los simpáticos anuncios de Cofidis y parece que te regalan el dinero, todo son sonrisas y ninguna lágrima, así que coges prestados tres mil pavos y te vás a Cancún a comer en un buffet y a bañarte en una playa masificada, después de guardar horas de cola para embarcar en avión, te haces unos selfies y los cuelgas en Facebook y ya está: eres una triunfadora o un triunfador o ambos si vais en pareja.

Luego llegan las derramas de la comunidad, las averías del coche y todas las cosas que no calculaste cuando dijiste ¡¡¡que cojones, a Cancún!!! y de Cancún no te queda más que las fotos y la sensación de que te lo pasaste mejor en Torremolinos o en la playa de San Juan, pero lo que no se va es Cofidis, que sigue pegándole un mordisco a tu cuenta corriente que se ha quedado pelada y ya ha devuelto dos recibos.

Y mientras ves el anuncio famoso de ¿tu te crees que yo soy Cofidis? mientras comes al mediodía, te llama un tío o una tía muy borde y te canta las cuarenta porque debes dos recibos.

Y cuando cuelgas te cagas en sus ancestros, en Cofidis, en Cancún y te das cuenta de lo bien que te lo podías haber pasado esos días con tu mujer en la tasca del barrio tomando unas birras y comiendo unos pinchos (y sin deber nada a esos listillos).

Que le den a Cofidis por el revolving.

Posdata: No sólo Cofidis, hay muchos otros, como Cetelém


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